Comercio electrónico :

En Colombia ¿Cómo estamos preparando a los abogados del futuro?

Por: Mauricio Beltrán Rojas

29 de enero de 2018

En los últimos años, la innovación se ha vuelto uno de los temas más importantes para las empresas, los gobiernos e incluso, para el ciudadano común. Hoy en día, es difícil estar en una conversación, sin que alguien traiga a colación, su visión, acerca de cómo tecnologías basadas en inteligencia artificial o blockchain, pueden revolucionar su negocio y catapultar sus ganancias. Para dar más fuerza a su argumento sobre la necesidad de innovar, el interlocutor, suele mencionar ejemplos como el de Blockbuster, el ex-gigante de las películas de alquiler que, en el 2010, solicitó su admisión al proceso de reorganización, contemplado en el Chapter 11 del Bankruptcy Code de los Estados Unidos, tras la presión ocasionada por el ingreso al mercado de nuevos competidores—Netflix y Redbox—con propuestas basadas en innovaciones disruptivas. Este ejemplo, no se trata de un caso aislado, por el contrario, se ha vuelto una situación recurrente que concierne a todas las industrias, incluso la industria legal.

Contagiado por el boom de la innovación y preocupado por la necesidad de promover ideas de negocio que, como abogados, nos permita gestar y/o adaptarnos a los Netflix, Uber y Airbnb de la industria legal, recientemente, me he preguntado, en Colombia ¿cómo estamos preparando a los abogados del futuro, de cara a los retos que plantea la innovación a través del uso de la tecnología?

El profesor Richard Susskind, reconocido académico, escritor, orador y consultor, pionero en el estudio de la intersección entre la tecnología y el derecho, durante más de 30 años, se ha dedicado a predecir, en muchas de sus publicaciones, la forma en la que la aplicación de nuevas tecnologías cambiará la práctica legal. Precisamente, en la más reciente edición de su libro, Tomorrow’s Lawyer, advierte los cambios que afectarán el ejercicio del derecho en los próximos años y las implicaciones que traerán en el ámbito legal. Según él, dichos cambios serán producidos por varias innovaciones disruptivas, dentro de las que se destacan e-learning, document automation, embedded legal knowledge, online dispute resolution y machine prediction. Ante el nuevo horizonte que visualiza Susskind, plantea que en los próximos años serán más frecuentes las oportunidades laborales para profesionales en derecho con competencias en process analysis, legal project management, legal data science y legal risk management, entre otras.

Por otro lado, Michele R. Pistone y Michael B. Horn, miembros del Clayton Christensen Institute—instituto que debe su nombre, a su fundador, profesor de Harvard y precursor de las teorías sobre Disruptive Innovation y Jobs to Be Done —en su ensayo, Disrupting Law School: How disruptive innovation will revolutionize the legal world, sostienen que hay un gran número de no-consumidores de servicios legales, principalmente, personas de bajos ingresos, quienes aunque requieren la prestación de estos servicios, no pueden acceder a los mismos, debido a los altos costos que les representan. Según ellos, esta coyuntura, crea oportunidades para la aparición de tecnologías disruptivas, las cuales, permitirán atender grandes volúmenes de asuntos, inicialmente de baja complejidad, en menor tiempo del que emplearía un abogado y a costos mucho más accesibles.

Los citados autores, coinciden en que estamos en una etapa sin precedentes en la historia, en la que se avizoran grandes cambios, en una industria que tradicionalmente se ha mostrado ajena a sacudones tan fuertes como los que se predicen. Para Susskind, los cambios se presentarán de forma gradual a lo largo de tres etapas, las que denomina denial, resourcing y disruption. Según él, actualmente nos encontramos al final de la etapa de denial, etapa caracterizada por la resistencia generalizada a creer que en tan poco tiempo cambiarían modelos de negocio establecidos a lo largo de décadas, y comenzando la etapa de re-sourcing, en donde la presión constante por mejorar eficiencias y reducir costos, está generando la aparición de proveedores de servicios externos a la industria, quienes brindan soluciones alternativas, frente a esquemas tradicionales. Este es el caso de las startups y outsourcers de servicios legales. Para Pistone y Horn, en cambio, estamos iniciando la etapa de disruption, en donde los avances tecnológicos, junto con la innovación en modelos de negocios, ya han comenzado a alterar estructuralmente la forma en la que se prestan servicios en la industria legal.

Sin entrar en el debate de la etapa en la que actualmente nos encontramos, la realidad es que muchos de estos cambios, frente a los cuales, aún existe cierto escepticismo en nuestro país, están ocurriendo a ritmos mucho mas acelerados de lo que se predecía. Así, cada vez es mas frecuente encontrar información acerca de desarrollos tecnológicos como ROSS Intelligence, una plataforma basada en inteligencia artificial, desarrollada por tres estudiantes de ciencias de la computación de la Universidad de Toronto, que permite reducir significativamente los tiempos de investigación legal, haciendo mas eficiente este proceso. Otro ejemplo destacable es Contract Intelligence (COIN), el software utilizado por JP Morgan para revisar contratos de crédito que, según la compañía, les ahorra más de 360.000 horas de abogados al año, gracias a la automatización del proceso de revisión de contratos. También, es necesario mencionar al ya famoso portal web, LegalZoom, que a través de herramientas como la automatización en la elaboración de contratos o la respuesta a consultas online a través de un Chatbot, guía fácilmente a sus usuarios en la constitución de sociedades o registros marcarios, entre muchos otros servicios, a precios accesibles. En materia de resolución de conflictos, también existen varios ejemplos. En Canadá, el Civil Resolution Tribunal, es el primer tribunal online de ese país, en el que las partes, pueden resolver de una forma rápida y económica, controversias civiles de hasta CAD $5.000. Otro caso, es el de la plataforma Bloomberg Law, que le permite a abogados litigantes, gracias a la extensa base de datos de case law que tiene el sistema, comparar la forma en la que los jueces de distintos estados en U.S.A, han fallado mociones y apelaciones, dándoles mejores elementos para determinar si se lleva una controversia a juicio y establecer la probabilidad de éxito de sus pretensiones.

Es precisamente frente a este panorama—caótico para quienes sienten aversión al cambio, lleno de oportunidades para emprendedores e innovadores—que quiero sugerir la inclusión de nuevas temáticas en los programas de derecho de nuestro país. Considero que frente a los escenarios que se nos proponen, es necesario formar a las nuevas generaciones, con competencias adicionales, además de aquellas con las que tradicionalmente se ha formado a los abogados. Así, no solo será mas fácil asimilar la magnitud de los cambios que se avecinan a un abrumador paso, sino que, además, los recién egresados contarán con mejores herramientas que les facilitarán la gestación de ideas innovadoras y nuevos modelos de negocio, lo que a su vez permitirá, llegar a un mayor número de personas que tienen problemas legales, y que sin embargo, por los altos costos que les representa, en muchas ocasiones, no pueden acceder a los servicios de un abogado. Creo entonces, que cada vez es más pertinente y necesaria, la inclusión de asignaturas sobre emprendimiento, innovación y venture capital, entre otras, con las que se dotará a los futuros abogados con conocimientos teórico/prácticos, relativos a todo el engranaje que hay detrás del éxito de una idea innovadora y la forma en que el ejercicio del derecho, se puede beneficiar de la aplicación de nuevas tecnologías. También, considero necesario expandir el catálogo en los programas de las facultades de derecho, para ofrecer cátedras como design thinking. Esto permitirá, generar productos y servicios legales con una visión creativa, centrada en el consumidor final, quien en la mayoría de los casos no tiene ningún tipo de formación legal. Además, considero que las facultades de derecho, deberían pensar en iniciativas como la creación de laboratorios de innovación, incubadoras y aceleradoras, en donde los estudiantes y egresados puedan poner a prueba sus ideas y prototipos.

En Colombia, algunas universidades, ya han tomado la delantera en incluir nuevas temáticas en sus programas de derecho. Así, la universidad Sergio Arboleda, con el liderazgo de José Fernando Torres, cuenta con tres iniciativas para sus estudiantes: la Cátedra de Innovación en Derecho, la Cátedra Cavelier y el Concurso Cavelier de Innovación en Derecho. Además, esa universidad es sede de varios de los eventos de Legal Hackers en Colombia, movimiento global, que busca explorar y desarrollar soluciones creativas e innovadoras a los problemas legales a través de soluciones basadas en el uso de la tecnología. En la Universidad de los Andes, la cátedra Hacking the Law, dictada por Andrés Umaña, aborda el papel del derecho frente al surgimiento de tecnologías disruptivas. En la Universidad Externado de Colombia, la cátedra en Nuevas Tecnologías, dictada por Daniel Peña Valenzuela, dota a los estudiantes con herramientas teóricas y prácticas, para el análisis de la relación entre las nuevas tecnologías de la información y el ordenamiento jurídico. Estas exitosas iniciativas, considero, deben volverse la regla general en Colombia, si queremos tener un mayor número de profesionales con más y mejores herramientas para montarse en el tren bala de la innovación.

Sin embargo, aún queda mucho por recorrer. Basta con ver los avances que en esta materia ha alcanzado los Estados Unidos. En ese país, son numerosas las iniciativas. Stanford Law, por ejemplo, cuenta con un centro dedicado a temas de Legal Informatics (CodeX), en donde investigadores, abogados, emprendedores y expertos en tecnología, trabajan de la mano para brindar soluciones tecnológicas que mejoran los niveles de eficiencia, transparencia y acceso a sistemas legales en el mundo. Igualmente, la facultad de derecho de esa universidad ha desarrollado el proyecto del Legal Design Lab, en donde un equipo interdisciplinario, a través del diseño, el derecho y la tecnología, busca crear la nueva generación de servicios y productos legales. En Northwestern Pritzker School of Law se ofrece una materia llamada Innovation Lab (en la cual tuve el honor de participar), curso interdisciplinario que cuenta con alumnos de los programas JD, MSL, LLM y JD/MBA, en donde el principal objetivo es entender el pensamiento emprendedor, la innovación y el proceso de toma de decisiones, y el rol de la tecnología en la solución de problemas. Además, recientemente, Northwestern Pritzker School of Law, anunció el convenio celebrado con ROSS Intelligence, con el propósito de enseñar a los estudiantes de la facultad, la forma en la que la tecnología puede facilitar la prestación de los servicios legales y afrontar problemas en materia de acceso a la justicia. En la misma línea, Chicago Kent College of Law en The Law Lab, ofrece educación interdisciplinaria y un centro de investigación enfocado en innovación legal y tecnología.

En Estados Unidos, se ha vuelto tan importante el tema de la innovación en las facultades de derecho, que incluso se creó un índice que evalúa los programas, observando la forma en que se preparan los estudiantes en innovación y tecnología. De acuerdo con este índice, las universidades que llevan la delantera en Estados Unidos son, Stanford Law School, University of Miami School of Law y Northwestern Pritzker School of Law.

Viendo el panorama hasta aquí descrito, vale la pena subrayar la creciente preocupación en nuestro país, relativa a la necesidad de formar profesionales en derecho, con nuevas competencias que les faciliten asumir los retos que el futuro depara. Como respuesta a estas preocupaciones, han surgido las importantes iniciativas atrás descritas, adelantadas por universidades como la Universidad Sergio Arboleda, la Universidad de los Andes y la Universidad Externado de Colombia. Son estas acciones, las que nos permitirán crear un afianzado ecosistema de emprendimiento e innovación legal en el mediano plazo, con abogados formados para afrontar los cambios radicales que se están presentando. Está pues, en las manos de las facultades de derecho de Colombia, la gran responsabilidad de determinar, si se escoge el camino de formar a profesionales en derecho con las competencias necesarias, para tener un rol activo, en el horizonte que describen Susskind, Pistone y Horn.

 

Por: Mauricio Beltrán Rojas. Abogado corporativo y financiero. Experiencia en el sector financiero, sector público y firmas de abogados. Egresado de la Universidad Externado de Colombia. Especialista de la Pontificia Universidad Javeriana y de la Universidad de los Andes. LL.M. de Northwestern Pritzker School of Law. Certificado en Administración de Empresas de Kellogg School of Management.

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