Facultad de Derecho

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Innovación Legal
16 de octubre de 2025

Transformar no es digitalizar: 5 claves para que la automatización en el litigio no fracase

Por: Daniela Guerrero Ordoñez*

No todo lo digital transforma. A veces, incluso puede complicarnos más. Este texto recoge cinco aprendizajes clave desde la experiencia práctica en litigio masivo, para que la automatización jurídica deje de ser una promesa y se convierta en una herramienta real de liberación para los abogados.

Expresiones clave: Legaltech; Legal Service Design; Innovación Legal; Litigar no está reñido con innovar; La transformación digital requiere probar, fallar, ajustar… y no desistir.

TRANSFORMAR NO ES DIGITALIZAR
Legaltech es mucho más que utilizar la tecnología en el sector legal. Es una nueva forma de pensar el derecho desde la disrupción, la eficiencia y el servicio. Aunque suele asociarse con softwares o automatizaciones, también incluye metodologías centradas en el usuario, como el Legal Design, que transforman la forma en que diseñamos nuestras defensas, gestionamos procesos o comunicamos nuestras ideas jurídicas. En el litigio, el Legaltech no solo mejora lo operativo: cuestiona lo estructural. Por eso, hablar de transformación en el mundo jurídico no puede hacerse sin reconocer que estamos inmersos en una ola de Legaltech que llegó para quedarse.
Como abogada con experiencia en litigio masivo, enfrenté el reto de gestionar miles de procesos judiciales. En medio de esa operación, automatizar tareas pequeñas como cargar antecedentes judiciales me mostró que innovar no es dejar de ser abogada, es ejercer mejor. Descubrí que la tecnología podía ayudarnos a pensar el derecho de otra forma: con cabeza jurídica, pero también con visión estratégica.
Lo que me llevo a cuestionarme ¿Por qué hacer todo igual?, ¿por qué explicábamos con tecnicismos y por qué asumíamos que todos entendían? ¿Por qué asumimos que el derecho no va de la mano de la tecnología? Fue ahí donde confirmé que litigar no está reñido con innovar.


MÁS ALLÁ DEL CÓDIGO: 5 CLAVES PARA TRANSFORMAR EL LITIGIO CON TECNOLOGÍA
Antes de entrar en materia, vale decirlo: aplicar legaltech en un equipo jurídico es un reto. Las personas son resistentes al cambio y basta una falla para volver atrás. Por eso, más que herramientas, se necesita insistencia, empatía y convicción. La transformación digital requiere probar, fallar, ajustar… y no desistir. El cambio comienza cuando entendemos que la tecnología no nos reemplaza, nos potencia.


1. Lo repetitivo no es trivial: es una mina de oro para automatizar. En un proceso judicial de alto volumen, actividades como nombrar archivos, otorgar poderes, organizar correos electrónicos o actualizar estados procesales pueden consumir horas semanales. Una vez detectadas, esas tareas pueden ser automatizadas con herramientas accesibles. Por ejemplo, crear plantillas para respuestas estándar o programar alertas judiciales ahorra tiempo y reduce el margen de error. Un abogado que ya no debe buscar manualmente las providencias del día gana tiempo para leerlas con juicio. La automatización no comienza en el software, empieza al observar lo cotidiano.

2. No basta con tener la idea: Hay que saber aterrizarla. Proponer un chatbot para consultas judiciales o una base de datos inteligente suena ambicioso, pero no sirve si no responde a un dolor real.
Un ejemplo sencillo y transformador es rediseñar la forma en que se asignan procesos a los abogados, usando reglas automáticas en lugar de hacerlo uno a uno. Esto exige entender el flujo completo: ¿quién recibe? ¿quién clasifica? ¿quién revisa? Aterrizar la idea significa traducirla a pasos concretos, y probarla con los usuarios antes de escalar. La tecnología se justifica si soluciona.

3. Trabajar con ingenieros te obliga a pensar diferente. Explicar ¿qué es una excepción de fondo?, ¿cuándo cambian los dígitos de los procesos? o ¿cómo opera un recurso extraordinario? a alguien sin formación jurídica parece difícil. Pero cuando lo logras, ellos devuelven soluciones como botones, filtros, etiquetas, flujos condicionales.
Lo técnico aporta practicidad lo jurídico aporta criterio. En una implementación, por ejemplo, al intentar automatizar la respuesta a demandas, descubrimos que la herramienta debía distinguir entre sentencias, autos y traslados. Ahí aprendimos a describir las diferencias no con doctrinas, sino con lógica.

4. La tecnología no reemplaza al abogado, lo libera. Una herramienta que detecta si un término vence pronto o que genera un índice automático del expediente no elimina el rol del litigante: lo potencia.
Cuando se implementó un sistema de alertas por tipo de actuación, muchos abogados dejaron de “revisar todo” para concentrarse solo en lo relevante. Esto no solo mejora la eficiencia, mejora la salud mental. El Legaltech nos da oxígeno.

5. El litigio masivo necesita más diseño y menos sufrimiento. Un proceso de más de 500 folios no tiene por qué parecer un laberinto. Incorporar resúmenes visuales de las etapas procesales o líneas de tiempo interactivas ayuda a entender el caso en minutos. También se evidencia en nuestra escritura: párrafos cortos, explicaciones claras, títulos descriptivos. Una buena defensa es también una buena experiencia de lectura. Diseñar para el juez, para el ciudadano, para el abogado. Si el litigio fuera más claro, sería menos doloroso. ¡Ahí está el reto!

CERRAR LA BRECHA ENTRE EL DERECHO Y LA GENTE
Al momento de cerrar estas líneas, no puedo dejar de pensar que a mí —y a mi carrera— la innovación legal me cambió la vida. Yo le apuesto a una nueva generación de abogados: perfiles creativos, estratégicos y humanos. Abogados que complementan su pensamiento jurídico con el diseño, con los datos, con la empatía. Y, sin duda, la Especialización en Innovación Legal fue ese impulso que necesitaba para pensar distinto, actuar distinto y contagiar a otros.

Y aunque suene difícil, no ha sido imposible. En este nuevo camino me he encontrado con abogados que piensan diferente, con líderes que creen en hacer las cosas mejor, con equipos dispuestos a innovar. A veces, basta con algo tan simple como dejar de decir “tenemos mucho trabajo” y empezar a medir, preguntar, escuchar y rediseñar. Estoy segura de que todas las ramas del derecho pueden llenarse de innovación. Que vendrán abogados con nuevos chips, nuevas herramientas, nuevas formas de pensar.

Que no estaremos solos: trabajaremos con ingenieros, diseñadores y tecnólogos. Todo será más fácil, no para hacer menos derecho, sino para hacer mejor derecho. Pero también tengo claro que aún no todo está resuelto. Nos falta mucho por estudiar, por diseñar, por probar. Los riesgos son reales: el manejo de los datos, la seguridad, la ética, la exclusión. Hay muchos retos, pero también una certeza: estamos viviendo una revolución jurídica y tecnológica, y quienes no se monten a este bus, corren el riesgo de quedarse atrás. Es necesario hacer que las cosas pasen. Porque el cambio no llega solo: lo provocamos. Lo diseñamos. Lo lideramos.

*Abogada especialista en innovación legal de la Universidad Externado de Colombia. Se dedica al diseño e implementación de soluciones tecnológicas aplicadas al litigio, con especial interés en automatización, eficiencia operativa y mejora de la experiencia jurídica.

Correo de contacto: danielago9302@gmail.com

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