Blog de la facultad de Derecho

22 de octubre de 2019

A 28 días del brexit

Por: Eric Tremolada Álvarez

Roger Barlow, diputado conservador británico, que se desplaza en bicicleta y es conocido por su cabello rubio despeinado, por las puntas del cuello de su camisa levantadas, por el nudo torcido de su corbata y por la chaqueta grande y arrugada, ve la oportunidad de convertirse en un héroe global, al toparse con un plan de asesinato y masacre en el Parlamento Westminster donde un grupo “islamofascista” suicida atentará allí contra el presidente estadounidense mientras pronuncia un discurso. Sin embargo, este rubio ciclista, sexista, racista, que trunca los planes de los terroristas que en lugar de las 72 vírgenes que los esperaban por su inmolación terminan en la cárcel, reúne todas las características del autor de la trama que hoy, por cierto, es el residente del número 10 Downing Street.

Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, es el autor de 72 vírgenes, y de Barlow su protagonista, intencionalmente caracterizado como él, y quien también vivía con el constante temor a que un escándalo sensacionalista nublara su carrera, pero que los medios -por su heroísmo- juzgan inútil publicar lo que él no quiere hacer público. Pero la histrionidad libertina de Barlow y su autor no es solo un giro literario, se trata de una estrategia bien definida.

Fintan O’Toole recuerda que Johnson sigue la teatralidad política autoconsciente de Churchill, tanto que cuando escribió El factor Churchill, reseñó que era “excéntrico, desmesurado, afectado. Tenía una forma de vestir especial, peculiar y distintiva”, de ahí que cultive como su sello la cabellera rubia despeinada, las puntas del cuello de la camisa levantadas, torcido el nudo de su corbata y la chaqueta grande y arrugada.

Johnson justifica su cinismo usando a Churchill. Sostiene que el gran líder “no era lo que la gente consideraría un hombre de principios. Era un oportunista que esperaba junto a la portería para rematar la jugada y llevarse la gloria… En cuanto a su carrera política, palabra, ¡menudo festín de chapuzas! (…) Sus enemigos detectaron en él un egotismo titánico, un deseo de encontrar cualquier ola, por grande o pequeña que fuera, y surfearla de principio a fin hasta que se hubiese disuelto en espuma sobre la playa. (…) Durante los primeros años de su carrera no solo se le consideraba poco de fiar, sino congénitamente poco de fiar”. Como diría O’Toole, en consecuencia, quien “posea estas cualidades en dosis abundantes puede convertirse en el nuevo Churchill que la Inglaterra conservadora anhela”.

Sin embargo -coincidiendo con O’Toole-, la suerte del Reino Unido no descansa en la resolución churchilliana, sino en la indecisión johnsoniana, que responde al rédito político que más le favorezca. El 20 de febrero de 2016 le dijo a Cameron que apoyaría el brexit y unas horas después que quizá cambiaría de opinión. Al día siguiente escribió dos columnas para The Daily Telegraph, una argumentando a favor de la salida y otra sosteniendo que el costo sería muy alto. Cuando se inclinó por el brexit, precisó que “no esperaba ganar”, pues creía que la opción en el referéndum sería “machacada” y con absoluta ignorancia dijo que creía que podía salir de la UE, “pero seguir ocupando un puesto en el Consejo Europeo y tomando decisiones”.

Lamentablemente el héroe Barlow no está al frente del Reino Unido que tiene solo 28 días para enfrentar la crisis más grave desde la guerra.

 

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