Blog de la facultad de Derecho

14 de agosto de 2018

Codificación para abogados, como catalizadora para la adaptación a la legaltech

En los últimos años la tecnología ha irrumpido disruptivamente en el mundo legal, llegando en ocasiones a realizar tareas tradicionalmente desarrolladas por abogados, ofreciendo también oportunidades a aquellos que se adaptan al paso marcado por la tecnología algorítmica, el blockchain, los smart contracts, big data y machine learning, jugando un papel clave en este sentido las facultades de derecho para que sus egresados sean considerados como valores agregados en esta revolución.

Por: Luis Alfonso Gomez Dominguez

Muchos colegas han analizado y comentado el tema de los smart contracts desde un punto de vista exclusivamente legal, lo cual no está mal, puesto que es el área que conocen, aunque sería conveniente que participaran en la estructuración de esta clase de programas, de tal manera que su visión no esté limitada al aspecto meramente teórico.

Básicamente, dichos programas son funciones matemáticas, en donde, idealmente, los abogados deberíamos intervenir para determinar los contenidos y los programadores tendrían que participar creando desde su campo de experticia, es decir, programando, pero no determinando qué incluir en un smart contract. Como abogados le podemos señalar a los ingenieros los datos o indicaciones que deben contener estos programas, actuando como directivos, mientras que los ingenieros serían los ejecutantes.

El entendimiento entre la sinergia abogados/ingenieros es crítica, teniendo presente la manera en que se han venido empleando los smart contracts, cuyo objetivo primordial consiste en ser uno de los brazos a través del cual opera la tecnología blockchain para poder efectuar las transacciones. La manera en que lo hace, representa un peldaño más evolucionado que el clásico contrato electrónico, entre otras cosas, al plasmarse en un código de computadora y no en un idioma conocido.

Ahora bien, para una mejor comprensión del mundo tecnológico, el punto de partida para cualquier abogado que quiera mantenerse vigente es teniendo nociones de cómo se codifica, aunque lo ideal es que aprendamos a codificar bien, que puede resultar arriesgado si no se sabe lo que se hace, empezando porque si no se aplica bien se podría dañar el computador. Además, hay interfaces que descencriptan lo incluido. Mientras que, si los ingenieros establecen una plataforma virtual sin la intervención de los abogados, les puede ocurrir lo de Ethereum, dejando a todos los participantes en un limbo tecnológico y legal.

En pocas palabras, lo que pasó con Ethereum es que un hacker aprovechó un punto vulnerable del DAO para sustraer cincuenta millones de dólares; para neutralizarlo, los diseñadores de Ethereum liderados por Vitalik Buterin decidieron hackear al hacker, trasladando el dinero a otro smart contract, medida en su momento eficaz pero que iba en contra de los postulados centrales de Ethereum, puesto que al ser una plataforma supuestamente descentralizada, la decisión sobre la respuesta defensiva al ataque debía ser tomada por todos los usuarios.

Es así como la clase de codificación para abogados del profesor matemático Craig Calcaterra en la Universidad de Tilburg empieza con el postulado “el código es ley” (ver foto abajo).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo ocurrido en Ethereum lleva a pensar que estuvieron at portas de perder una cantidad de dinero importante por pensar que no requerían blindarse en otras áreas, como la jurídica.

Firmas legales de primer nivel como Clifford Chance, están tomando las medidas necesarias que les permita adaptarse a la nueva realidad poniendo a disposición de sus empleados el Clifford Chance’s Tech Academy, consistiendo básicamente en una plataforma en donde se puede acceder a una multiplicidad de recursos de capacitación en el ámbito de la tecnología, encontrándose entre otros el de la codificación, tanto a nivel básico, como intermedio.

En este orden de ideas, como abogados debemos deshacernos de considerar a las matemáticas como nuestra némesis y empezar a considerar seriamente en capacitarnos en codificación, cómo funciona y las manejas de mejorar la tecnología algorítmica, el blockchain, los smart contracts, big data y machine learning entre otras cuestiones; de tal manera que ofrezcamos un valor agregado a una sociedad que nos exigirá pronto el dominio de esos temas.

 

Afortunadamente, la mentalidad creativa y sedienta de conocimiento de los estudiantes de derecho milleniars es tierra fértil para que puedan absorber, entender y procesar rápidamente la información que requieren para después contribuirle en ese sentido a su profesión, lo cual facilita que se puedan ubicar en el contexto actual del desarrollo de la legaltech, conociendo lo suficiente al algoritmo para poder aportar en innovación y a las tecnologías disruptivas.

 

Se hace referencia a mejorar la tecnología blockchain, debido a que la inmutabilidad, mostrada como una de sus mayores fortalezas puede ser fuente de inconvenientes en un mundo dinámico, pudiéndose convertirse potencialmente en un talón de Aquiles.

Así las cosas, los abogados, matemáticos y los ingenieros de sistemas debemos empezar a hablar el mismo lenguaje, trabajando conjuntamente para superar las deficiencias que presenta la tecnología blockchain, de tal manera que se pueda generar una segunda generación de smart contracts, satisfaciendo las necesidades en donde los negocios consideren que hace falta mejorar, como en la agilidad de respuesta y la flexibilidad, siendo este un mercado en expansión.

 

Por último, es necesario tener en cuenta que no es suficiente formarnos aisladamente, ya que uno de los ingredientes claves en su capacitación es la interacción con ingenieros de sistemas para que aprendamos a asimilar como se perciben y proyectan las iniciativas relacionadas con el legaltech, bajo una perspectiva técnica.

 

* Luis Alfonso Gomez es abogado de la Universidad Externado de Colombia, especialista en Derecho Financiero de la Universidad del Rosario, Máster en Negocios Internacionales y Gerencia de la Universidad de Westminster en Londres, curso de Estrategias Exitosas de Negociación de la Universidad de Cambridge, formó parte del equipo legal de Motorola en Inglaterra. Miembro del Subcomité de Practicas Mercantiles de la CCI. Realizó el programa certificado en Enseñanza e Investigación en Negociación en la Kellogg School of Management, Northwestern University. Autor del libro Negociación Internacional – Enfoque Estratégico.

Actualmente se desempeña como abogado asociado de la firma Rincón-Cuellar, conciliador del Centro de Arbitraje y Conciliación de la Cámara de Comercio de Bogotá y docente investigador del Departamento de Derecho de los Negocios de la Universidad Externado de Colombia

Bibliografía:

 

Friedland, S. Adaptive strategies for the future of legal education. 61 Loy. L. Rev. 211 (2015).

 

Furlong, J. The Pivot Generation: How Tomorrow’s Lawyers Will Help Build a New and Better Legal Market, 50 Suffolk U. L. Rev. 415 (2017) Pág. 442. Cit. Julie Sobowale, How Artificial Intelligence Is Transforming the Legal Profession, A.B.A. J. (Apr. 1, 2016), http://www.abajournal.com/magazine/article/how-artificialintelligence is transforming thelegal profession [https://perma.cc/K5QW-UQ9F] (describing impact of Al on legal profession).

 

Reggie O’Shields, Smart Contracts: Legal Agreements for the Blockchain, 21 N.C. Banking Inst. 177 32 Cit. 32. BoURQUE & Tsui, supra note 11, at 5. (2017). Pág.181.

 

Kaal, W.; Vermeulen, E. y Fenwick, M. Legal education in the blockchain revolution. New Legal Education – Version 10. Pags. 37 y 38.

 

 

Links:

 

https://qz.com/730004/everything-you-need-to-know-about-the-ethereum-hard-fork/

https://www.cliffordchance.com/news/news/2018/04/clifford-chance-launches-tech-academy.html

 

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